No era posible lo que estaba diciendo. Es que no podía ser, así de sencillo. Él era la víctima de todo esto. Su mujer había muerto, su mujer lo había engañado...con otra mujer. Y encima tienen el descaro de decir que él es el asesino. Ya es que tenía ganas de reir. La policía, aquellos a los que él pagaba el sueldo con sus impuestos, se burlaban de él...se aprovechaban de su amnesia.
Pero no...Máximo, recuerda. Fue esa misma persona furiosa por los celos y la maldad la que cortó los frenos a las 6 de la tarde. Esa misma persona que, con el pisapapeles, mató a Rebeca. Fue esa misma persona la que introdujo su cadáver en el coche a sangre fría y provocó un accidente de tráfico. Nadie notaría el golpe en la cabeza tras esto.
Solo Máximo.