No sé exactamente cómo describir la sensación de este gran cambio. Si lo analizo concienzudamente, esto parece como cuando una serie comienza una temporada nueva, con nuevas tramas y nuevos personajes. Yo me siento más o menos así. Y no digo que esté mal. Al contrario, me alegro de haberme embarcado en esto y haber pasado de capítulo de una vez por todas (y ya era hora: llevaba 18 años en el primero).
Y sí, me encanta hacer ese tipo de comparaciones. Porque es lo mismo que pasa en una serie: cuando llegué empezaba de cero. Como pasarle un paño de agua a la ventana del coche que ha estado llena de polvo. Poco a poco, voy forjando lazos y relaciones que se van a prolongar hasta vete a saber cuándo. Y es bonito, coño.
Y ya, paro con este tema. Soy un puto pesado.
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